Los crimenes de Oxford
Pocas son las veces en las que me dejo llevar y entro al cine a ver una película sobre la que ni siquiera haya visto el trailer. No había leído, visto o escuchado nada sobre Los Crímenes de Oxford, la ultima película de Alex de la Iglesia. Y, la verdad, solo por el titulo y el cartél del cine, no parecía ser una maravilla. Tenia pinta de ser la típica producción con presupuesto ajustadillo, chico guapo y famoso (Elijah Wood) y tía buenorra tipical spanish (Leonor Watling) además de John Hurt, no tan conocido pero que ya tiene su historia en el cine. Vamos, que se preveía una chufa de película.
Tal vez por que me pilló desprevenido, o por que las palomitas estaban bastante buenas, pero la peli me enganchó desde el primer momento. La película es un simposio de reglas matemáticas, teoremas y teorías lógicas, que sin embargo, no dejan que uno se aburra en ningún momento.
Todo empieza cuando Martin (Elijah Wood) llega a Oxford con la intencion de finalizar sus estudios con uno de los mas prestigiosos profesores de la universidad de la ciudad, Arthur Sheldom (interpretado muy convincentemente por John Hurt). Allí se encuentra con un sinfín de intempestades que acaban por minar su ilusión de tener una tesis dirigida por el mayor experto en su materia del mundo. Así que decide irse de allí. Sin embargo, en el mismísimo momento en el que toma esa decisión, se encuentra con su casera (una celebre matemática que ayudo a descifrar el código enigma en la Segunda Guerra Mundial) asesinada.
A partir de ahí la película pasa a ser de suspense basado en las matemáticas y la lógica. El asesino empieza a dejar unas pistas que solo pueden seguir verdaderos genios matemáticos o autenticas mentes privilegiadas en el razonamiento humano.
El final, como siempre, es lo que uno menos se espera, o lo que mas, depende. Si bien, es cierto que el autor juega con el espectador, dirigiendo la acusación del crimen hacia varios personajes durante la película. Algo a tenor bastante difícil pero que se consigue con unas pocas escenas. Durante 2 escenas se incrimina a un personaje, y 1 sola frase, vale para descartar lo. La película se convierte en un juego.
Ayuda mucho la ambientación, la ciudad de Oxford, que se presta mucho al suspense, por su estética barroca, antigua, y genuinamente inglesa.
El papel de Leonor Watling es un poco extraño, por que realmente solo sirve de nexo de unión de escenarios necesarios, pero sin embargo tiene una relación con los protagonistas que sobrepasa lo meramente exigido por el guion. Supongo que la presencia femenina era necesaria, aunque ya estaba Julie Cox (interpretando a la hija de la asesinada, Beth). Igual que algunos decorados, como la pista de padel. Seguramente, sin el personaje de Watling, la película habría durado menos minutos, y el hilo argumental no habría sufrido ningún desperfecto, pero es cierto que su presencia sirve para dejar descansar el aparato lógico y matemático del espectador que durante algunas escenas deja la trama a un lado, aunque en estas escenas también se desvelan secretos necesarios.
La verdad es que no esperaba disfrutar tanto de esta película, pero lo cierto es que salí del cine pensando que había invertido la tarde y el dinero perfectamente. Y eso que la entrada a un cine hoy en día cuesta 6€ por persona y las palomitas para 2 te salen por 8€.
Por cierto, para quien le interese, en esta película se sigue cumpliendo el problema de las actrices guapas y españolas, por que Leonor Watling sale desnuda enseñando todo lo que la mente calenturienta de un joven quinceañero (que los había en la sala) puede querer ver. Ah, y para las jóvenes calenturientas, Elijah Wood también sale desnudo. Si es que, el director es español!
